17.3.10

Lecciones del centro 1, 2 y 3

En general soy de caminar despacio; trato de disfrutar del viaje, de no agitarme y sobre todo lo hago para percibir todo lo que me rodea. Disfruto por ejemplo mirar a las personas y sacar conclusiones a partir de distintos indicios que analizo y combino; o imaginar el momento de la creación del la pintada de la esquina.
Pero cuando estoy en el centro me invade una sensación de ansiedad inexplicable e intensa. Es como si fuese inevitable salir de la velocidad que toma el mundo por ese lado, como si todos fuesen parte de una misma corriente que va y viene a millones de revoluciones por segundo. No solo todo pasa más rápido sino que pasa al mismo tiempo. Es dificil distinguir una voz, una intención, una escena y hasta una cara conocida.
Lo peor de todo es que muchas veces andar tan acelerado puede llegar a ser peligroso. El centro debe ser el lugar con más amenazas de la Capital Federal porque para la gente que vive colgada de los balcones este lugar se torna peligroso. Por eso aquí se intenta enumerar algunas cosas que ya quedaron demostradas a partir de la experimentación con mi propio cuerpo

Lección 1
Detenerse en una vidriera puede provocar golpes en los tobillos, empujones, puteadas a su favor y un gran susto para el que se detiene. Para el que colisiona el saldo es por lo general de golpes en la cara, pecho y estomago, aunque en los peores casos se vieron algunas narices de boxeador.

Leccion 2
Poner un puesto de venta ambulante exactamente en una esquina deja para el torpe: moretones debajo de las rodillas, probable caida sobre el producto y miradas de todos dentro de los 5 metros de radio. El vendedor pierde algo de mercancia, pero sobre todo gana la experiencia que lo hará colocarse a mitad de cuadra la proxima vez.

Leccion 3
Esos camiones que tienen forma de caja de zapatos se llaman "Camiones de Caudales". Estos vehículos transportan dinero en general y algún que otro valor, como el oro. Con el oro y el dinero van unos tipos grandotes que son los guardias de seguridad. Los guardias entran y salen del compartimiento de carga por una puerta que tiene una pequeña ventana. Por esa ventana ellos deberían mirar para, al momento de salir, no darle un portazo a ningún pobre tipo que viene mirando balcones.

10.3.10

El ecologista

Estabamos los dos listos para cenar, nos habíamos quedado hablando un rato largo y ni nos dimos cuenta que se había hecho tarde. El hambre nos había atacado. Luli estaba parada al lado de la pileta y lavaba algunas cosas que habían quedado sucias. La sitación era nueva, por primera vez me preparaba una cena. Mientras tanto yo la miraba desde el umbral de la cocina, tratatando de captar esa imagen tan femenina de mujer que le prepara la comida al hombre (otra vez toco el limite del machismo, pero ya fue). No se como ni porque mientras se hablaba de cualquier cosa nos dimos un beso, que no fue corto, hasta que la interrumpí porque escuchaba el agua correr y le dije mientras cerraba la canilla: "Disculpame, no puedo parar de pensar que el agua es un recurso limitado"