26.4.12

Breve historia tanguera

Nos conocimos en La Viruta, aunque tal vez la había visto antes, porque su cara me parecía familiar. Después de esa vez nunca más volvimos a bailar, y según escuche por las sombras nunca mas repitió compañero de baile después de esa noche. La Tana bailaba tango y milonga, y como todas las flacas lo hacía muy bien. Se movía con estilo y gracia. No era de esas europeas que turisteaban por Buenos Aires y tomaban una o dos clases de baile- su castellano, sus movimientos, su pensar- todo lo había aprendido en la escuela de la calle.
Se arreglaba muy bien para mantener a los compadritos en su lugar. En un idioma extraño, que estaba entre el italiano, el ingles, es argentino y el lunfardo, se hacía entender y los despachaba más rápido de lo que llegaban. Eso sí, siempre lo hacía con mucha clase y sin generar resentimiento.

Fui un afortunado, porque ella no bailaba con cualquiera, y el día que accedió a mi propuesta (al viejo estilo del cabezazo) yo estaba bastante descansado para poder seguir sus pasos. No nos despegamos en toda la noche, sin contar los momentos para aplaudir a la orquesta o para refrescarnos.

Cerca del final de la noche, cuando los mozos ya azomaban los baldes y la gente ya zigzagueaba a sus casas, la  Tana y yo bailabamos un bolero. Se me acercó al oido. Susurró algo algo en su simillengua. Lo traducí como pude entenderlo, entre el vino y el ruido del bandaneón me dijo "Nene, la vida es un tango que se baila una sola vez".

5.3.12

De lejos

Inmensa, como un elefante
nocturna, como la luna
como si no me hubiese ido
y ni notaste mi ausencia.
Me recibís eterna y despierta
de brazos abiertos
para enguillirme en tu garganta
áspera y oscura.
Pero aunque me escape, vuelvo
hipnotizado por nuestra historia
porque siempre estás
y porque sin vos no soy yo
Imagino que en mi viaje
sí tuviste companía
es que extrañas todo el tiempo
aunque nunca estés sola.

30.1.12

Tres cositas

Causa y Efecto

Del saludo a la voz
de la voz al discurso
del discurso vienen los temas
de los temas se va al silencio
del silencio a los ojos
de los ojos vamos a la boca
de la boca al beso
del beso a la caricia
de la caricia, la piel
de la piel viene la sensación

Te Desprendes

Sentir
Un viento en la cara,
una mano sobre la espalda,
un beso en la dulce boca
o tu cuerpo que se desprende
poco a poco de su ropa

Pasado presente

Si me acuerdo
de mirarte
Y te acordás
que te miraba
Si no me olvido
de fijarme
en lo que antes
me fijaba
No creas que yo pienso
que sólo antes te amaba
y que no era como pensabas
que no te amaba nada

17.1.12

Baldosas (re-edición)

El esfuerzo es enorme (mis piernas son demasiado cortas) pero me reconforto con no pisarlas por dos o tres pasos. No miro por donde voy, mi cabeza apunta hacia abajo, pero se que voy a llegar a mi destino sano y salvo, porque qué más seguro que no pisar las odiosas rayas simétricas del suelo.

Sin saberlo llego a mi destino y casi choco con lo que es para mi una enorme pared. Lentamente levanto la cabeza y un cuerpo como de gigante esta frente a mi. Desde aqui abajo y tan cerca pareciera que si esa pared- que resulto ser un hombre- levantara los brazos tocaría las nubes.

Eso que está delante de mi, y que es un “grande”- definición que incluye cosas que a mi corta edad no puedo entender- se corre hacia un costado y mis orejitas escuchan una voz que dice: “Dale, entrá que la merienda esta lista”, es papá que me invita a pasar.

Apenas se abre la puerta cancel me recibe el perro, se acerca a trote y me chupa la cara con fuerza, una fuerza que hace que mi cabeza se vaya para atrás. Es raro pensar que hace poco eso que hoy es mi amigo, que me divierte y me cuida casi como un centinela, era poco menos que un monstruo feroz que constantemente quería atacarme, y que con sus garras y su extraña piel me comería y se quedaría con todo el amor de papá y mamá.

Cuando la cálida bienvenida termina mi cara esta húmeda y pegajosa y me resulta difícil abrir los ojos. Mamá se acerca y con el repasador me seca y así finalmente puedo ver con claridad la mesa que espera servida: la leche preparada en la taza con mi nombre, las galletitas sobre el platito celeste que trajo abuela, las servilletas de papel sobre el mantel y Papá y el mate; porque papá y el mate son casi una sola cosa para mi. El viejo me dice: “Vení pibe, contame como te va en el jardín”.

Mi respuesta es breve, ”Bien... dibujamos mucho hoy”, contesto distraído por el festín de galletitas que esta frente a mi, en el platito celeste, al lado de la taza con mi nombre. Las como, una tras otra, sin darme cuenta que a la sexta galletita mi garganta pide ayuda, es así que agarro la taza con mi nombre y de un sorbo me tomo toda la chocolatada que tiene gusto al amor de mamá. Cuando mi sed se acaba comienzo otra vez con las galletitas, pero esta vez la sed viene más rápido y tengo que pedirle a mama que me prepare otra taza.

Termina finalmente el ritual y poco a poco el cansancio me envuelve. Papá ve que mi ojos se empiezan a cerrar y me alza para llevarme a la cama. “Fue un día largo pibe, mejor que duermas una siesta”, me susurra. Mis ojos se cierran, a pesar de que hago un esfuerzo enorme porque todavía tengo ganas de jugar, de salir, de subirme al triciclo que todavía no lo use hoy, de dar una vuelta más y no pisar las odiosas rayas simétricas del suelo.