17.1.12

Baldosas (re-edición)

El esfuerzo es enorme (mis piernas son demasiado cortas) pero me reconforto con no pisarlas por dos o tres pasos. No miro por donde voy, mi cabeza apunta hacia abajo, pero se que voy a llegar a mi destino sano y salvo, porque qué más seguro que no pisar las odiosas rayas simétricas del suelo.

Sin saberlo llego a mi destino y casi choco con lo que es para mi una enorme pared. Lentamente levanto la cabeza y un cuerpo como de gigante esta frente a mi. Desde aqui abajo y tan cerca pareciera que si esa pared- que resulto ser un hombre- levantara los brazos tocaría las nubes.

Eso que está delante de mi, y que es un “grande”- definición que incluye cosas que a mi corta edad no puedo entender- se corre hacia un costado y mis orejitas escuchan una voz que dice: “Dale, entrá que la merienda esta lista”, es papá que me invita a pasar.

Apenas se abre la puerta cancel me recibe el perro, se acerca a trote y me chupa la cara con fuerza, una fuerza que hace que mi cabeza se vaya para atrás. Es raro pensar que hace poco eso que hoy es mi amigo, que me divierte y me cuida casi como un centinela, era poco menos que un monstruo feroz que constantemente quería atacarme, y que con sus garras y su extraña piel me comería y se quedaría con todo el amor de papá y mamá.

Cuando la cálida bienvenida termina mi cara esta húmeda y pegajosa y me resulta difícil abrir los ojos. Mamá se acerca y con el repasador me seca y así finalmente puedo ver con claridad la mesa que espera servida: la leche preparada en la taza con mi nombre, las galletitas sobre el platito celeste que trajo abuela, las servilletas de papel sobre el mantel y Papá y el mate; porque papá y el mate son casi una sola cosa para mi. El viejo me dice: “Vení pibe, contame como te va en el jardín”.

Mi respuesta es breve, ”Bien... dibujamos mucho hoy”, contesto distraído por el festín de galletitas que esta frente a mi, en el platito celeste, al lado de la taza con mi nombre. Las como, una tras otra, sin darme cuenta que a la sexta galletita mi garganta pide ayuda, es así que agarro la taza con mi nombre y de un sorbo me tomo toda la chocolatada que tiene gusto al amor de mamá. Cuando mi sed se acaba comienzo otra vez con las galletitas, pero esta vez la sed viene más rápido y tengo que pedirle a mama que me prepare otra taza.

Termina finalmente el ritual y poco a poco el cansancio me envuelve. Papá ve que mi ojos se empiezan a cerrar y me alza para llevarme a la cama. “Fue un día largo pibe, mejor que duermas una siesta”, me susurra. Mis ojos se cierran, a pesar de que hago un esfuerzo enorme porque todavía tengo ganas de jugar, de salir, de subirme al triciclo que todavía no lo use hoy, de dar una vuelta más y no pisar las odiosas rayas simétricas del suelo.

9.1.12

Respiración profunda

El primer sol de la mañana tiñó el pasto de un color entre amarillo y verde y el aire todavía estaba fresco. Corría una brisa suave que se llevaba los últimos fantasmas de la noche. El hombre había dormido poco y mal, quizás por los ruidos que escuchó toda la noche por fuera de la casa, quizás por los ruidos que venía de su cabeza. Esa noche, como las que recordaba, tampoco había soñado.

Del río llegó un viento que movió las hojas del árbol chico y también se movieron las ramas más altas, como si estuviesen invitando al hombre a acercarse. Dudó unos segundos y desde la puerta caminó lento y pesado hasta quedar a unos pocos metros del árbol. Pudo sentir que lo llamaba. Se acercaba y ya no era una insinuación, era un llamado concreto. Las rama se abrían invitándolo al sueño del arbol que había estado despierto toda la noche.

Frente al árbol se animó a tocarlo; lo rosó suaventeme y pudo sentir la inspiración profunda, esa larga bocanada previa al limbo. Eligió una rama que se ofrecía como refugio, trepó unos pocos metros se acostó. Acostado ahí estaba mucho más cómodo que en la mejor cama del mejor palacio. Pudo relajarse mientras los rayos del sol se filtraban por las hojas y por las ramas. El calor le acariciaba la cara. Se durmió.

Se olvidó del arbol, de la casa y de las malas horas de la noche y finalmente soñó. En su sueño el era árbol.

Se sintió raíz, afirmada en el suelo y yendo cada vez más profundo, buscando el agua que daba vida, alimentándose de la tierra. Fue tronco doblado, el viento lo había golpeado desde hace años, pero seguía firme, siendo el cuerpo de algo que crecía cada día. Se abrió en infinitas ramas, en infinitas direcciones, perseguía el sol y se estiraba y se dividía en miles de partes. Era cientos de hojas débiles y fuertes, hipersensibles a todo lo que las rodeaba, tambaleantes y temblorosas, hijas del viento. Algunas hojas se caían, pero las más resistentes bebían el aire. Sintió la inspiración más profunda de su larga vida y lleno de oxigeno todo su cuerpo: la raíz, el tronco, las infinitas ramas y las mismas hojas.

6.1.12

Emoción y vida

Si un vacío te llena
y te come los huesos
te derrite las manos
y te apaga los besos

El corazón no funciona
y tu conciencia domina
te encontrás repensando
y no hay nada que viva

Si no sentís caricia
que te haga temblar
sos un ser sin sentido
que no recuerda el amor

Si las cosas que dicen
no te mueven el alma
ni la rima más simple
te hacer perder la calma

Si los ojos no miran
y las piernas te pesan
te sentís una piedra
que no siente ni piensa

A la vuelta del mundo
donde menos te esperan
una canción que suena
te despertará pasión

Moverá tus entrañas
y temblarán tus huesos
y se llenará tu alma
de Vida y Emoción

20.12.11

Instrumento

Mientras ella se acercaba las inhibiciones de tipo solitario aumentaban y la ansiedad se apoderaba poco a poco de su cuerpo. Pablo sabía que en el momento de concretarse el encuentro iba a tartamudear y el silencio aparecería incómodo y molesto. Ya podía ver como sus manos empezarían a transpirar al mismo tiempo que su corazón latiría rápido y sin un ritmo lógico hasta sentir que sale de su pecho. Y lo peor sucedería cuando vuelva la calma, porque no como muchos piensan esto indica progreso. El silencio será en ese momento aún más incómodo hasta el punto de tornarse en algo insostenible. En aquel instante será la cabeza la que empieza a trabajar y notaría la lástima que sienten todos por el. El mismo sentimiento odioso que llevo a Carla a concretar este encuentro sin consultarle a Pablo.

Así cuando ella estuvo a su lado la resignación se hizo presente, como cuando aceptó sin quejarse la cita con Marina, la amiga de Carla. Sin levantar la vista él pudo ver que ella lo miraba a los ojos y con una media sonrisa dijo:

- Hola

- Hola- contestó en un tono casi imperceptible.

Luego de unos segundos ella sentenció la frase que trajo más dudas de lo esperado: “Desde lejos se nota que sos tímido”; algo que podía ser bueno porque Marina no tendría que fingir ni hacer esfuerzos por sobrevivir a esa tarde que seguramente sería penosa, pero que el mismo tiempo le daba la certeza de que ella sabía lo que le esperaba.

Encendió un cigarrillo y se sentó junto a él, sin esperar que ocurra algo en especial, solo fumando. Cuando quedaba solo la colilla y un poco de tabaco se levantó, pisó el cigarrillo y sin mirarlo le dijo: “¿Vamos?”

Sin saber donde iban Pablo la siguió por los puestos de la plaza, los que recorrieron por un largo rato. Miraron las diferentes curiosidades y artesanías que ofrecían los puesteros. Ella agarraba complaciente los productos cuando alguno le decía “Podes agarrar sin compromiso” – como si así quisieran crear una especie de lazo que prometía una venta. El, en cambio, no se animaba a tocar nada de lo que estaba en exposición, miraba todo con el miedo infantil de que sus manos flacas y aparentemente frágiles puedan dejar caer algo.

Debieron haber caminado media hora y siempre detrás de ella (o a su lado cuando tomaba coraje) estaba Pablo casi como si fuese solo una extremidad de algo mucho mas importante.

Así llegaron a un puesto donde un artesano de barba canosa y con aspecto de hippie viejo y nostálgico ofrecía varios instrumentos de cuerda, viento y percusión. “¿Sabes que?”, dijo, “Yo nunca tuve la oportunidad de aprender a tocar un instrumento”. Como respuesta al silencio continuó: “Mis viejos pensaban que no servía para nada y me mandaban a estudiar ingles a la cultural que quedaba a la vuela de casa”

Pablo agarro una flauta traversa de madera y toco algunas notas hasta que pudo descifrar la lógica del instrumento. Miró a lo ojos de Marina por primera vez en toda la tarde y dijo: “Yo estudié Piano y Saxo, tengo facilidad con la música y sobre todo con los instrumentos de viento”, y como respuesta al silencio esta vez creado por ella continuó: “Mis papás creían que así iba a poder expresar todo lo que me callo y no cuento”

Dejaron lo que habían tomado prestado por unos segundos y Pablo siguió a Marina hasta un banco donde se sentaron uno al lado del otro separados solo por unos pocos centímetros. Estuvieron callados un largo rato hasta que Marina tuvo una idea:

- Ya que sabés tanto me podes enseñar vos a tocar algo.

- Si, podría- contesto él sin esperanzas, tomando la prepuesta como una cortesía

- ¿Que te parece el Martes?