7.4.10

Sh.

Si hago un cálculo de cuanto tiempo de mi vida estoy escuchando música seguramente el resultado sería grande. Es decir que forma una parte escencial de mi vida porque, además de ser músico, escucho música cuando escribo, cuando estudio, mientras ordeno la habitación y en otras tantas actividades que no tiene sentido incluir. Para mi es muchas veces una forma de entrar en contacto conmigo mismo, porque de acuerdo con que música suena en ese momento puedo sacar miles de conlusiones respecto a mi estado de ánimo general. Está claro que la música tiene un efecto potente en las personas y para mi es muy necesaria para la vida.
Teniendo en cuenta que los auriculares y la pésima calidad de los emepetres terminan arruniando cualquier oido tuve que buscar una solución. Fue dificil encontrar un sustituto, pero después de mucho pensar llegué a la conclusión de que lo único que podía remplazar tanto ruido es el silencio y por lo tanto hoy salí con tapones para mis oidos y anduve por la calle un par de horas con los decibeles mucho más bajos.
Fue una experiencia extraña porque, a parte de que todos te miran las orejas, el mundo pasa a ser un lugar mucho más ameno. La calle esta llena de ruidos que muchas veces casi ni percibimos pero que nos entran en la cabeza y nos distraen de miles de cosas que pasan a nuestro alrededor. La gran diferencia es que cuando uno anda sin escuchar se tiene que estar mucho más atento para ver lo que sucede y es muy dificil identificar la infinidad de cosas que pasan en una ciudad tan grande como en la que vivimos. Con la mirada hace falta obsvervar para entender.La realidad es que sin el desorden que nos entra por las orejas y sin el orden que nos proporciona la música se ven las cosas muy distintas.
El silencio es necesario y lo recomiendo cada tanto (o muy seguido) y verán que al menos por un rato está bueno abstraese, pensar en uno, salir del cuerpo un poco e imaginar un poco más. Ahora no solo disfruto de la música que es energia para mi alma, sino que le doy un breve descanso a mi cerebro de tanto estímulo que anda dando vuelta por ahí.

2.4.10

Haiku 2

Si no es más fácil
decirte lo que escribo,
callo y anoto.

17.3.10

Lecciones del centro 1, 2 y 3

En general soy de caminar despacio; trato de disfrutar del viaje, de no agitarme y sobre todo lo hago para percibir todo lo que me rodea. Disfruto por ejemplo mirar a las personas y sacar conclusiones a partir de distintos indicios que analizo y combino; o imaginar el momento de la creación del la pintada de la esquina.
Pero cuando estoy en el centro me invade una sensación de ansiedad inexplicable e intensa. Es como si fuese inevitable salir de la velocidad que toma el mundo por ese lado, como si todos fuesen parte de una misma corriente que va y viene a millones de revoluciones por segundo. No solo todo pasa más rápido sino que pasa al mismo tiempo. Es dificil distinguir una voz, una intención, una escena y hasta una cara conocida.
Lo peor de todo es que muchas veces andar tan acelerado puede llegar a ser peligroso. El centro debe ser el lugar con más amenazas de la Capital Federal porque para la gente que vive colgada de los balcones este lugar se torna peligroso. Por eso aquí se intenta enumerar algunas cosas que ya quedaron demostradas a partir de la experimentación con mi propio cuerpo

Lección 1
Detenerse en una vidriera puede provocar golpes en los tobillos, empujones, puteadas a su favor y un gran susto para el que se detiene. Para el que colisiona el saldo es por lo general de golpes en la cara, pecho y estomago, aunque en los peores casos se vieron algunas narices de boxeador.

Leccion 2
Poner un puesto de venta ambulante exactamente en una esquina deja para el torpe: moretones debajo de las rodillas, probable caida sobre el producto y miradas de todos dentro de los 5 metros de radio. El vendedor pierde algo de mercancia, pero sobre todo gana la experiencia que lo hará colocarse a mitad de cuadra la proxima vez.

Leccion 3
Esos camiones que tienen forma de caja de zapatos se llaman "Camiones de Caudales". Estos vehículos transportan dinero en general y algún que otro valor, como el oro. Con el oro y el dinero van unos tipos grandotes que son los guardias de seguridad. Los guardias entran y salen del compartimiento de carga por una puerta que tiene una pequeña ventana. Por esa ventana ellos deberían mirar para, al momento de salir, no darle un portazo a ningún pobre tipo que viene mirando balcones.

10.3.10

El ecologista

Estabamos los dos listos para cenar, nos habíamos quedado hablando un rato largo y ni nos dimos cuenta que se había hecho tarde. El hambre nos había atacado. Luli estaba parada al lado de la pileta y lavaba algunas cosas que habían quedado sucias. La sitación era nueva, por primera vez me preparaba una cena. Mientras tanto yo la miraba desde el umbral de la cocina, tratatando de captar esa imagen tan femenina de mujer que le prepara la comida al hombre (otra vez toco el limite del machismo, pero ya fue). No se como ni porque mientras se hablaba de cualquier cosa nos dimos un beso, que no fue corto, hasta que la interrumpí porque escuchaba el agua correr y le dije mientras cerraba la canilla: "Disculpame, no puedo parar de pensar que el agua es un recurso limitado"